
Cuando Verne ideó la construcción del Nautilus, escribió a Hetzel, su editor y amigo Le aseguro que su arca estará mejor equipada que la de Noé. Verne, que había visitado ya los centros de la Tierra y del aire, quiso bajar a los abismos del mar. Imaginó un personaje épico, el atormentado capitán Nemo, un sabio desenga ado de la raza humana, que se mueve por una de esas obsesivas reivindicaciones tan típicas de la novela de aventuras la justicia implacable, no exenta de venganza, y la humillación del adversario.